31 de marzo de 2014

Y si el “fin” es “principio”







¿Estoy en paz...contigo? No lo sé.
Conmigo, sí. Con fe y con esperanza
de que el amor inmenso que te tengo
encontrará el Amor con que me amas.

 Qué importa nada si, al final, la muerte
es la vida de nuevo recobrada.
Si, al cerrarse, mis ojos ven tu luz
llenándome de soles la mirada.

 Y si el “fin” es “principio”, ¡qué alegría
saber que aquello empieza si  esto acaba!

30 de marzo de 2014

Mis ojos azules se quedaran ciegos




Mis ojos azules
se quedaran ciegos
si no pueden mirar noche y día a tus ojos,
momento a momento
mis ojos azules
se quedaran ciegos.

Aunque puedan mirar la vida
y a la luz, y a la luna, y al cielo…
Si no pueden mirar tus ojos
profundos y bellos
mis ojos azules
se quedaran ciegos
[  ]
Y aunque tú los vieras
profundos y abiertos
mirando mil cosas, reflejando siempre
el color del cielo…
… sabe vida mia, pues yo te lo juro,
pero no me descubras este secreto,
que están mirando
por siempre hacia dentro…
Recordando siempre la mirada dulce
que decía “te quiero”.
La mirada mía
en tus ojos bellos.
                                                                                                                                              (padre Guervós)

Se me marchó la vida, ¡toda entera!




                                      Se me marchó la vida, ¡toda entera!
                                      No me tiembla la mano al escribirlo,
                                      ni me tiembla la voz para decirlo...
                                      Aquí estoy ya, Señor, ¡solo a tu espera!



                                     Tengo cumplida vida
                                     ya –mi Señor- con exceso:
                                     con la medida colmada
                                    que tus manos me midieron.
                                   ¡ Dame –Señor- la grandeza
                                  de decir adiós sin miedo!


                                                                                               (Padre  José María Guervós Hoyos)
 

29 de marzo de 2014

la esperanza de vida



En España entre 1992 y 2011, la esperanza de vida al nacimiento de los hombres paso de 73,9 a 79,2 años y la de las mujeres de 81,2 a 85,0 años, según las Tablas de mortalidad que publica el INE. Entonces, que alguien me explique que me ha pasado. ¿Por qué Dios te la has llevado? ¿Por qué, si mi sino era morir primero, me has dejado aquí en este puto valle de lágrimas?


“Los caminos del Señor son inescrutables” me dirá alguno, sin que yo le  pida su consejo. Pero ¿Qué es lo que tengo que escrutar?  ¿Acaso Dios se regodea en mi pena, en mi miserable vida? ¿Acaso tanto le ofendí para que me castigue de esta manera? 

Llevo doce años viviendo una vida de mierda, dando por el culo a todo el que me rodea, y ahora que parece que levantaba cabeza ¿me vuelve a hundir en el fango? ¿A caso son los demás los que tienen que cargar con mis culpas?  ¿Por qué te llevas siempre a los que menos daño hacen y dejas que la carroña sigamos existiendo?  Por qué no vienes a por mí;  te espero, aunque sé que ningún abogado acudirá en mi defensa ante tú juicio.


Sabes que a veces tengo dudas, mas nunca negare tú existencia aunque maldiga tú nombre con mis labios. Eres mi refugio en las tempestades y tu promesa me hace concebir esperanza. “Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tu vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan” (Salmo 22).

Solo te pido que pase lo que pase, me dejes habitar en tú casa. Que conduzcas mi espíritu al lado del de ella; y que podamos reposar juntos el resto de la eternidad.

Solo te pido el perdón de un Padre para con su hijo




Cada uno se va como puede


Cada uno se va como puede,
unos con el pecho entreabierto,
otros con una sola mano,
unos con la cédula de identidad en el bolsillo,
otros en el alma,
unos con la luna atornillada en la sangre
y otros sin sangre, ni luna, ni recuerdos.

Cada uno se va aunque no pueda,
unos con el amor entre dientes,
otros cambiándose la piel,
unos con la vida y la muerte,
otros con la muerte y la vida,
unos con la mano en su hombro
y otros en el hombro de otro.

Si me faltaras tu



28 de marzo de 2014

Vale más vivir y morir de una vez






"Vale más vivir y morir de una vez, que no languidecer cada día en nuestra habitación bajo el pretexto de preservarnos."

Esta frase  la escribió Robert Louis Balfour Stevenson, dicho así quizá no sepas quien es, pero si te digo que es quien escribió  La isla del tesoro, la novela histórica La flecha negra y la popular novela de horror El extraño caso del doctor Jekyll y míster Hyde, seguro que por lo menos sus obras te sonaran, so pena que seas un inculto integral que no ha visto un libro en su puñetera infancia.
Stevenson, que padecía de tuberculosis, solo llegó a cumplir 44 años. Con lo que quiero decir que sabia lo que decía cuando la escribió.
Es una bonita frase para un epitafio, pero su aguda mente le inspiro uno mucho mejor para él:
Bajo el inmenso y estrellado cielo.

Cavad mi fosa y dejadme yacer.

Alegre he vivido y alegre muero.

Pero al caer quiero haceros un ruego.

Que pongáis sobre mi tumba este verso:

Aquí yace, donde quiso yacer;

De vuelta del mar está el marinero,

de vuelta del monte está el cazador".

Esta era la manera en que uno se enfrentaba a la muerte hace poco más de doscientos años, quizá no tantos si buscamos ejemplos más cercanos.
¿Qué sucede ahora para que tanto miedo nos de la muerte? ¿Por qué la escondemos en las afueras como si no formara parte de nuestra realidad? ¿Porque la rehuimos como si no pensando en ella jamás nos alcanzara? No hay sitio para la muerte entre 
los vivos. Se muere alguien y en seguida debes de comenzar con los trámites legales. Herencias, bajas, declaraciones de hacienda del fallecido… La vida sigue para los vivos, como decía Bécquer, que solos se quedan los muertos.


    RIMA LXXIII
Cerraron sus ojos
que aún tenía abiertos,
taparon su cara
con un blanco lienzo,
y unos sollozando,
otros en silencio,
de la triste alcoba
todos se salieron.

La luz que en un vaso
ardía en el suelo,
al muro arrojaba
la sombra del lecho;
y entre aquella sombra
veíase a intervalos
dibujarse rígida
la forma del cuerpo.

Despertaba el día,
y, a su albor primero,
con sus mil ruidos
despertaba el pueblo.
Ante aquel contraste
de vida y misterio,
de luz y tinieblas,
yo pensé un momento:

— ¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

                *

De la casa, en hombros,
lleváronla al templo
y en una capilla
dejaron el féretro.
Allí rodearon
sus pálidos restos
de amarillas velas
y de paños negros.

Al dar de las Ánimas
el toque postrero,
acabó una vieja
sus últimos rezos,
cruzó la ancha nave,
las puertas gimieron,
y el santo recinto
quedose desierto.

De un reloj se oía
compasado el péndulo,
y de algunos cirios
el chisporroteo.
Tan medroso y triste,
tan oscuro y yerto
todo se encontraba
que pensé un momento:

— ¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

                *

De la alta campana
la lengua de hierro
le dio volteando
su adiós lastimero.
El luto en las ropas,
amigos y deudos
cruzaron en fila
formando el cortejo.

Del último asilo,
oscuro y estrecho,
abrió la piqueta
el nicho a un extremo.
Allí la acostaron,
tapiáronle luego,
y con un saludo
despidióse el duelo.

La piqueta al hombro
el sepulturero,
cantando entre dientes,
se perdió a lo lejos.
La noche se entraba,
el sol se había puesto:
perdido en las sombras
yo pensé un momento:

— ¡Dios mío, qué solos
se quedan los muertos!

                *

En las largas noches
del helado invierno,
cuando las maderas
crujir hace el viento
y azota los vidrios
el fuerte aguacero,
de la pobre niña
a veces me acuerdo.

Allí cae la lluvia
con un son eterno;
allí la combate
el soplo del cierzo.
Del húmedo muro
tendida en el hueco,
¡acaso de frío
se hielan sus huesos...!

                * * *

¿Vuelve el polvo al polvo?
¿Vuela el alma al cielo?
¿Todo es sin espíritu,
podredumbre y cieno?
No sé; pero hay algo
que explicar no puedo,
algo que repugna
aunque es fuerza hacerlo,
el dejar tan tristes,
tan solos los muertos.





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