31 de diciembre de 2013

Otro año que termina (quizá nuestro último año juntos)



Hoy me he levantado excesivamente deprimido, no sé cómo  hare para que no se note demasiado que tengo el ánimo por los suelos.
Cumplimos casi cinco meses desde el primer diagnostico y según las estadísticas dichosas nuestro tiempo va pasando inexorablemente. Ninguno de los oncólogos te dará un cálculo aproximado del tiempo de vida que le queda a ningún enfermo, dado que son innumerables las variables que influyen en dichos cálculos pero, mes arriba mes abajo, el destino es el mismo y este se acerca sin que pueda hacer nada para influir en el.
Ayer por la tarde casi no diría que se encontraba enferma mientras descansaba en el sofá. La ausencia de dolor le ha quitado ese rictus característico que marcaba su rostro.
Comió mas, incluso merendó un guirlache y una naranja sentada mientras veíamos “El secreto de Puente Viejo” en el televisor, pero cuando llego la hora de ir al baño las fuerzas ya no le acompañaron. No me veo capaz de hacerle recuperar todo el tono muscular que ha perdido porque, en cuanto comience a conseguirlo de nuevo recaerá y volverá a permanecer tumbada en la cama sin moverse.
Esta enfermedad es la pescadilla que se muerde la cola; primero te destruye, deja que te recuperes un poco y vuelve a destruirte hasta que al final acaba contigo sin que se pueda hacer nada por evitarlo. Es una lucha continua por ganar tiempo al tiempo.
Ahora en verdad me doy cuenta de la manera en como lo malgastamos. Me refiero al tiempo, a nuestras vidas. Siempre estamos dejando lo mejor para más adelante, y con mejor no me refiero a comprar esto o aquello, ni a ir a un lugar o a otro de vacaciones, sino a estar con los nuestros, hablar con los hijos, disfrutar de los nietos, disfrutar de disfrutar. Y muchas veces no tenemos ese tiempo.
Gracias a Dios, nosotros, hemos tenido una vida plena desde que nos conocimos cuando tenía dieciocho años. Gracias a Dios tengo una vida plagada de gratos recuerdos para cuando esto acabe, porque:
Solo muere lo que se olvida”



30 de diciembre de 2013

En la cárcel y en la cama, sabrás quien te ama


Parece que el reajuste funciona, para que veáis lo que son diez mg. en este tipo de medicación. Además el “reajuste” intestinal  parece que también ha funcionado, logrando descompactar las heces.
Todavía hemos usado dos dosis de rescate, creo que más debido a la ansiedad que al propio dolor; pero eso no soy yo quien debo cuantificarlo puesto que no soy quien lo sufro, pero una dosis diaria en momentos puntuales por algún esfuerzo no es la barbaridad de los últimos días.
En estos momentos duerme como una bendita, supongo que recuperándose de estas malas noches, tumbada en el sofá, recostada en una almohada y con la película de Gandhi de fondo.
Lástima que nos pronostiquen lluvias a partir de mañana, pues creo que hubiera conseguido sacarla de paseo en cuanto hubiera reposado otro día más. De todas las maneras intentare que salga a la calle para que le dé el aire, no creo que tengamos un diluvio que nos impida movernos de casa en ningún momento.
Sigue sin querer comunicarse con el mundo, se ha cerrado sobre sí misma y no quiere ver a familiares ni amigos que están siempre preguntándonos por su estado. Incluso tenemos los teléfonos en silencio para que no suenen pues le molesta.
En la enfermedad te das cuenta de quién te aprecia de verdad. Muchas veces es aquel en quien menos pensabas. Cuando parte de la familia, o de lo que considerabas como familia te da de lado, amigos se ofrecen para lo que necesites de corazón; no de boca como otros. De ahí el dicho:

“En la cárcel y en la cama, sabrás quien te ama”

29 de diciembre de 2013

Reajustando la medicación






 Acabamos de volver de urgencias. No veía normal la cantidad de dosis de rescate que estaba tomando mi mujer y, ni cortos ni perezosos, nos hemos plantado en el clínico para hablar con el oncólogo y decidir si se debía de subir la dosis de MST.
 Hemos tenido suerte y la internista de guardia en seguida a planteado colocar Fentanilo intravenoso para calmar el dolor, junto a un antiemético por si se producía vomito;  hoy ya llevábamos 400mcg de abstral sublingual y 40mg de MST continuos oral y solo eran las nueve y media.
 El dolor opresivo que cursa bajo el esternón ha comenzado a remitir casi al instante. La vía intravenosa es altamente efectiva usando una mínima cantidad de medicación pero, siempre hay un pero, no se puede administrar por cualquiera. Por lo demás analítica completa y radiografía de tórax, que muestra empeoramiento del derrame pleural (la pleura se vuelve a llenar, con el inconveniente añadido de que cuantas más sacas más deprisa se llena)
 El oncólogo de guardia era el Dr. Villalba que rápidamente y tras un breve examen reajusta la medicación y decide el alta, como ya habíamos comentado en sucesivas conversaciones en planta.
 Hoy cumplimos once días en casa desde el último ingreso. Seguimos a la espera de si es posible o no realizar la “pleurectomia/decorticación”  paliativa por el equipo de cirugía torácica y de qué resultados obtendremos respecto al dolor; sin contar con el postoperatorio que debe de ser delicado de cuidado.
 Quedan dos días para acabar este funesto año y todavía no sabemos cómo empezaremos el que viene, por si “las moscas” solo decir;

“Virgencita que nos quedemos como estamos”

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